En España el 52,7% de la población mayor de 18 años está por encima del peso considerado como normal. En lo que se refiere a la población menor de edad,  el 36,6 % presenta un índice de masa corporal indicador de sobrepeso. Por si esto fuera poco, la OMS (Organización mundial de la salud) prevé que en el año 2025 el número de lactantes y niños con obesidad sea de 70 millones en todo el mundo.

Fuente: instituto nacional de estadística (INE)

Fuente: instituto nacional de estadística (INE)

A pesar de que una de las medidas que propone esta organización sea la de “limitar la ingesta energética procedente de los azúcares”, el problema de la epidemia de la obesidad es multifactorial. Aunque la indústria alimentaria y las grandes empresas del sector se empeñen en defender el consumo de azúcar, lo cierto es que la mayoría de los estudios independientes relacionan el consumo de azúcar con un mayor riesgo de desarrollar sobrepeso, diabetes, o enfermedades cardiovasculares.

El impuesto sobre las bebidas azucaradas propuesto por el gobierno no deja de ser “un parche” contra el gran problema del sobrepeso y obesidad que sufre el país. Lejos de pensar en la salud pública, los intereses se presumen meramente económicos. Otros países ya han aplicado esta medida anteriormente, con resultados no satisfactorios en cuanto a la reducción de las tasas de sobrepeso.

Introducir un impuesto sobre una bebida rica en azúcar es una medida ineficaz si tenemos en cuenta que los otros factores implicados quedan impunes. El bombardeo publicitario de productos procesados “malsanos” que sufren los niños día a día (https://www.youtube.com/watch?v=J7gU3z3dy1c), la falta de espacios públicos destinados a la promoción de3020749016_f7b45e1119 la actividad física, el vacío legal que sufre el etiquetado nutricional (atiborrando de azúcar a productos “light”) o la falta de dietistas – nutricionistas en la atención primaria, son también una parte importante en la lucha contra esta epidemia de la que no tenemos noticias positivas.